Spanish Poems





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Poemas en Inglés es un blog que pretende acercar poemas de lengua inglesa al castellano
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"La traducción destroza el espí­ritu del idioma"

Federico García Lorca
Gustavo Adolfo Bécquer -Rima LXXIII. Cerraron sus ojos...-
viernes, 15 de junio de 2007
Rima LXXIII. Cerraron sus ojos...

Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.
La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho,
y entre aquella sombra
veíase a intérvalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día
y a su albor primero
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”

De la casa, en hombros,
lleváronla al templo,
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.

Al dar de las ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron
y el santo recinto
quedóse desierto.

De un reloj se oía
compasado el péndulo
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”

De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila,
formando el cortejo.

Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo;
allí la acostaron,
tapiáronla luego,
y con un saludo
despidióse el duelo.

La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
el sol se había puesto:
perdido en las sombras
yo pensé un momento:
“¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!”

En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo.

Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan los huesos...!

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es, sin espíritu,
podredumbre y cieno?
¡No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
que al par nos infunde
repugnancia y duelo,
a dejar tan tristes,
tan solos los muertos.


Rhyme LXXIII. They closed her eyes...

They closed her eyes
which were still open,
covered her face
with white linen,
and some sobbing,
the others silent,
all abandoned
the sad alcove.
The light that burned
in glass on the floor,
cast on the wall
the shadow of the bed,
and in that shadow
one could see at intervals
rigidly outlined
the shape of the corpse.

The day awoke
and to that first dawn
with its thousand noises
the town awoke.
Before that contrast
of life and mystery,
of light and darkness,
I thought for a moment:
"My god, how alone
we leave our dead!"

From the house she was borne
on shoulders to the church,
and the coffin left
in a chapel thereof.
Her pallid rest
surrounded there
by yellow candles
and by black cloth.

At the last ring
of the sunset bells,
an old woman finished
her final prayers,
crossed the wide nave,
the door groaned
and the holy place
was left deserted.

I heard the measured
pendulum of a clock
and the sputtering
of some wax tapers.
So fearful and sad,
so dark and stiff
I found everything
that I thought for a moment:
"My god, how alone
we leave our dead!"

The iron tongue
of the lofty bell
pealing gave her
its pathetic farewell.
The attendees in dark clothes,
friends and relatives
passed in line,
forming the procession.

The pickaxe opened
a recess in the end,
dark and confining,
of the ultimate asylum;
there they laid her,
and immmediately walled her in,
and with a bow
the mourners departed.

Pickaxe on his shoulder,
the gravedigger,
singing between his teeth,
was lost in the distance.
The night entered,
the sun had set:
lost in the shadows
I thought for a moment:
"My god, how alone
we leave our dead!"

In the long night
of frozen winter,
when the woods
rustle with the wind
and the heavy rains
flog the windows,
I sometimes think
of that poor woman.

There the rains fall on her
with an eternal sound;
there she struggles
with the north wind's gusts;
the wet wall
lying flat in a hollow,
perhaps of cold
her bones will freeze...!

Does dust return to dust?
Does the soul soar to the sky?
Is everything, without spirit,
putrefaction and mud?
I don't know; but there is something
I cannot explain,
that instilled in me both
repugnance and sorrow,
so sad to leave,
so alone the dead

Translated by H. Landman

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posted by Bishop @ 11:13  
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